Sandra Rossi – Argentina

Nací un tórrido día de verano en Buenos Aires, ciudad de palabras cadenciosas que envuelven.
Crecí leyendo cuentos a la sombra de un ciruelo en el patio de una casa de un barrio porteño. EL libro de poesías “Páginas” de Rubén Darío escapó de la biblioteca de mi tía Lili para meterse, en secreto, en mi bolsillo y venirse a vivir conmigo.
Recorrí diversos caminos relacionados con el lenguaje no verbal: la expresión corporal, la danza, la máscara neutra, la poesía física, el tai txi txuan… Después de tanto caminar y bailar, llegué a la narración de la mano de la maternidad, contándoles cuentos a mis hijas.
Una tarde, en una antigua capilla de Barcelona transformada en librería, sentada en el suelo y rodeada de cuentos, me encontré diciendo: lo que yo quiero es contar historias.
Desde entonces las historias son mi agua y mi fuego. Estoy allí donde alguien, pequeño o adulto, quiera escuchar cuentos. Cuento historias de mi cosecha, de otros, de tradición oral; cuento aquello que me acaricia, me toca, me cosquillea y hasta me araña el alma.
Cuento porque estoy convencida de que los cuentos alimentan los sueños.

“PASADIZOS SECRETOS”

Las historias son como pasadizos secretos, caminos para pasar de un sitio a otro, puertas que invitan a entrar, donde el tiempo se transforma a la hora justa en que se decide abrirlas para ir a jugar.
Era muy pequeña cuando le pedí a mi madre que me leyera un libro enorme que reposaba solitario en una estantería. Anhelaba saber qué había allí dentro. Cuando mi madre comenzó a leer se suspendió el tiempo y supe que en una historia susurraba un universo. Aquel libro era el Martín Fierro, la gran obra de la literatura gauchesca argentina. Durante muchas noches lo leímos y durante muchos días jugué a ser una gaucha cabalgando por La Pampa…
Desde entonces las historias son mis pasadizos secretos, universos diversos que ya son parte del mío.
Os invito a compartir algunos de ellos.